by Inna on lunes, 18 de abril de 2011

Me gustó aprender a hablar; sea por la especie, sea por.
 Me gustó esta herencia biológica o consecuencia no tan sofísticada de una capacidad general-
   Y todo lo que dicen las teorías intermedias.


A veces me gusta que sea sólo por don divino.
Don divino del caos, de la contingencia.

Dios-nada (que se manifiesta aquí en la misma palabra, este significado que sólo existe así, en estas palabras, en esta combinación que tu cabeza interpreta; ahí --en la interpretación-- reside este dios.
Un dios nada, inexistente. Una forma del lenguaje.

   Una form det languag.

De esta inteligibilidad media, entre nosotros, hablantes.
Un dios de lengua -- no, no de fuego; este dios no tiene sustancia!
En cambio, es un dios ortográfico. De convención.
De convención en la palabra.


(Este blog significa: qué pasa cuando una estudiante de lingüística se mezcla con hierbas sagradas).


Entonces, decía: ahí, en decir, el dios, ¡en decir el dios!, en la d, la de de dios, de divino, de decir.
En las variedades de Holanda, en el graag alleen, geregeld (en las g como las pronuncia alguien de Rotterdam; en las g como las pronunciaba mi profesora belga). En esa G. La G de God /hot/.


Que es una h en fonema.
La h de nada.

Dios, dios,

It's most enchanting!

by Inna

Me gusta la sensación. La sensación, sólo eso. Escribir y pensar en esa sensación, que es como el borde de un círculo de mármol u otras cosas. La sensación,


de, por ejemplo, escribir mal, o no mal, sino rompiendo con eso que pienso que va a estar bien.


Le escribo a mi papá:
       - T r a n q u i, p a p i



Y ahí debería haber una coma.
Así:
    papi,


Porque es un vocativo, porque se aleja de la cláusula.
Porque me hace apelar a la realidad no-lingüística.


Pero el cambio, sigo
      - t o d o    v a    a    e s t a r   b i e n.


Porque en el fondo de mi corazón, es
    papi todo va a estar bien.




Esa es la sensación.
La sensación que genera sintaxis que rompe.





(Que rompe las bolas.)



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